El mejor regalo para los niños se llama TIEMPO

El mejor regalo para los niños se llama TIEMPO. No lo venden en jugueterías ni por Internet. Ni siquiera se puede ver cómo viene envuelto pero, sin embargo, cuando lo obtienen, sus pequeños ojitos destellan felicidad.

No se ve porque el tiempo está dentro de nosotros, en nuestra disposición y en nuestra manera de hacerles entender que no hay nada tan importante que nos obligue a pasar rápidamente las páginas de su cuento favorito.

Porque es solo a través del tiempo que les dedicamos cuando los niños pueden percibir la magia del amor que sentimos por ellos. Porque este hechizo no lo parecían cuando les dejamos el móvil, la tablet o les enchufamos la tele en su canal favorito.

No es así como se crea el vínculo más importante de nuestra vida. Un apego seguro se crea sólidamente con tiempo, educación, cariño y afecto. Solo así es como se entreteje la tela de un interior emocional fuerte en una época de infinitos cambios que necesitan ser compartidos con los adultos.

Ofrecer tiempo sin prisas significa explicar las cosas con calma, dejarles que hagan preguntas y crear un clima cómodo para responderlas con interés y sosiego. Se trata de vivir promoviendo momentos con los niños para compartir secretos, inquietudes, pensamientos y emociones.

Crear lazos partiendo de esta premisa ofrece a nuestros pequeños el oxígeno psicológico que necesitan. Sin estrés, sin exigencias, sin expectativas medidas sin estar atentos al movimiento del cruel segundero de nuestro reloj.

No podemos permitir que las prisas roben la magia a la infancia. Por eso el mejor regalo, es de más calidad, no es el centro de mando de los dibujos animados de moda o los últimos muñecos de Disney. El mejor regalo es compartir con ellos el bien más preciado que existe en la vida y que nunca vuelve: el tiempo.

Ofrecer tiempo sin prisas significa explicar las cosas con calma, dejarles que hagan preguntas y crear un clima cómodo para responderlas con interés y sosiego. Se trata de vivir promoviendo momentos con los niños para compartir secretos, inquietudes, pensamientos y emociones.

Crear lazos partiendo de esta premisa ofrece a nuestros pequeños el oxígeno psicológico que necesitan. Sin estrés, sin exigencias, sin expectativas medidas sin estar atentos al movimiento del cruel segundero de nuestro reloj.

No podemos permitir que las prisas roben la magia a la infancia. Por eso el mejor regalo, es de más calidad, no es el centro de mando de los dibujos animados de moda o los últimos muñecos de Disney. El mejor regalo es compartir con ellos el bien más preciado que existe en la vida y que nunca vuelve: el tiempo.